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Mostrando las entradas etiquetadas como poemas

Sandoval

Fotografía: Tina Modotti Al final de cada frase alarga la última palabra. Tiene la misma lentitud que los rastrojos, la misma parsimonia que el chorro de la fuente. Tendrá siempre la misma edad, a pesar de la vida, con su voz ronca que empieza a llenarse de oscuridad, de lluvia sobre las tejas en las noches largas, del ya está vivido casi todo pero acércate tú...

Pérdida

Este sol instalado en la mudez bajo todas las ventanas del mediodía se alarga ardiente sobre otro tiempo por lomas sin asfalto ni destino donde un hombre solo y una reja rompen este silencio. Las bestias sudan con un resplandor de cobre y el aroma ácido a paja húmeda de los cuerpos se extiende por los ojos cerrados de la luz. Algo que ya no existe está a punto de estallar, algo suave como una perdiz escondida en la garganta, otra voz, tan rotundamente silenciosa como una pérdida.

Paja, arcilla y aceite

La casa está construida con paja, arcilla y aceite, anclada en el espacio vacío bajo la deslumbrante exactitud. Cruzan sílabas rotas en la mirada sin final, sostenida, perpleja en su desierto. Tú empujas la puerta entre dos luces y entras donde la distancia recupera penumbra y piedad.

A propósito de Panero

Acomoda el blanco del cuaderno al ritmo, la pausa, el sístole. Y procede a decirle a nadie el nombre de nada. Sólo cruje el roce dentro, por el tronco vacío, dentro de cavidad o cúpula o tubería, dentro, por los desagües, por el frío. Humean palabras en orillas de olores sucios chirriando ecos, filos, de noche.

Ahora

Detrás de las tapias manchadas de verdín negruzco hay un granado donde te detienes. Su ramaje retuerce el silencio y esconde en su interior pequeñas llamaradas, gritos inverosímiles. La piel tersa del fruto se abre con la misma generosidad que la sabiduría y dentro está el dulce, sabroso lugar sin futuro.

Voz

Oigo el hueco del árbol lastimado llamar bronco. Amanece sobre hojas escondidas. Yo voy queriendo acercarme al sonido, a su forma de voz, a su mudez seca, enredada y vegetal.

Súbito

El centro del mundo es un gorrión detenido en la baldosa. La última luz enciende de miel el aire y palpita leve el tiempo en un corazón de plumas. La mirada inmovil, quieta está midiendo la eternidad. Asoma el miedo, porque presiento un aleteo súbito. Cuando ocurre, cierro los ojos.

Respira humo de Bagdad

Está yendo por tus vísceras, ciudad humeante como un marrano abierto en canal. Pronto va a amanecer y la luz podría dejar unas gotas de anís sobre su lengua, igual que entonces, en aquellos patios del sur, con mujeres remangadas bajo el frío restregando con sal las tripas. Nació en el vientre humeante de un cerdo y colocaron su cuerpo a secar junto a la lumbre, donde hervía la cebolla. El humo de la leña quiso entrar en sus pulmones, pero ya los habitaba un grito casi humano. Que nadie le pida nunca que te ame, ciudad grasienta, por mucho que esta luz restriegue su lengua con anís. Vive respirando el vapor de las vísceras como siempre y la blancura desnuda y experta de tus brazos remueve la misma sangre

Instante

Foto: Juan Rulfo Atravesando entre utensilios la espalda tendida de otro día, su piel pisada, la acera de sus muslos manchados, atravesando el cuerpo sucio de la luz, oliendo el frío y la distancia en ráfagas por la boca de la calle, la pared mugrienta, la esquina torcida de un mal gesto, bebiendo el ácido goteo de la costumbre en las canales, he llegado al instante azul de la noche, he abierto la puerta muy despacio y desnudo, entre las telas colgadas, he cruzado mi cuerpo hasta el principio.

Distancia escrita

Cruzando ese paisaje de matorrales secos y latas que son las afueras, dejando atrás algunas tapias rotas, evitando las hileras de farolas que vigilan en el borde de la autovía. Pisando cada palabra en los terrones, parándote al final de esa frase escrita con temblor de álamos, cerrando los ojos, abriendo el aroma de acequia que llega a última hora. ...tumbándote, al fin tú mismo, qué se pensaban, sobre esa lejanía que nos han robado.