LAS CAMPANAS Anciano de manos desnudas repuesto entre los hombres, ¡Crusoe! llorabas, imagino, cuando desde las torres de la Abadía, como un flujo, se derramaba el sollozo de las campanas sobre la Ciudad. . . ¡Oh Despojado! Llorabas recordando los rompientes bajo la luna; los silbos de más distantes riberas; las músicas extrañas que nacían y se asordaban bajo el ala cerrada de la noche, semejantes a los encadenados círculos que son las ondas de una concha, a la amplificación de clamores bajo la mar. EL MURO El lienzo de muro está enfrente, para conjurar el círculo de tu sueño. Pero la imagen lanza un grito. La cabeza contra una oreja del sillón grasiento, exploras tus dientes con tu lengua: el sabor de las grasas y las salsas infecta tus encías. Y sueñas con las nubes puras sobre tu isla, cuando el alba verde crece lúcida en el seno de las aguas misteriosas. Es el sudor de las savias en exilio, la suarda amarga de las plantas silicuosas, la insinuación acre de los manglares carnosos ...