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OTRO TIEMPO

Súbito

El centro del mundo es un gorrión
detenido en la baldosa.
La última luz enciende de miel el aire
y palpita leve el tiempo en un corazón
de plumas. La mirada inmóvil, quieta,
está midiendo la eternidad.
Asoma el miedo, porque presiento un aleteo
súbito. Cuando ocurre, cierro los ojos.

La alegría
A S.

Dentro del día ha crecido la certeza
irrebatible de la madreselva
sobre la cal. Apuro
la luz contra el muro blanco
y espero, diluido,
hasta que el pincel de sombra
dibuja la curva de su olor.
Así es como nace siempre la alegría,
como roce de ala
del pájaro escondido.

Cruda belleza

La lengua áspera del viento
lame la cordillera.
Nunilón, el buey paciente,
desliza el poderío gastado
de la edad por el valle.
Crece el esparto y hay hombres
que tejen cestos al atardecer.
Y hay rincones,
como axilas del mundo,
donde siempre huele la retama.

Sandoval

Al final de cada frase alarga
las últimas palabras, tiene
la misma lentitud que los rastrojos,
la misma parsimonia que el chorro
de la fuente, tendrá siempre
la misma edad, a pesar de la vida,
con su voz ronca que empieza
a llenarse de oscuridades, de lluvias
sobre las tejas en las noches largas,
del ya está vivido casi todo,
pero acércate tú,
porque tengo miel escondida.

Arquitectura de la humedad

Así es como eran las catedrales:
una gruta goteando secretamente.
La piedra allí dentro poseía
toda la dulzura que la hace húmeda,
perfecta y adecuada para olvidar
la mano con la misma lentitud
que la respiración, según van cerrándose
los ojos, según van haciéndose
cueva y costumbre de lo escondido.

El cauce vacío

Otro tiempo,
porque hay necesidad de cruzar espacios
y llenarlos de presencia, otra
vez
nombrar incansables
vacíos. Ahora,
siempre ahora,
crecen juncos en la voz
cuando regreso por la aridez
hacia esta respiración que me des
conocerá mañana,
y abro
en las manos la forma de acequia
de otro tiempo.

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