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Amyntas, André Gide

El camino de sombra y de media luz serpentea entre las cercadas huertas.
!Muros de arcilla!, he de alabaros, pues la profusión de huertas os desborda; muros, que traen sin cuidado a la rama del albaricoquero; los sobrepasa; se lanza; flota sobre mi sendero. Muros de tierra, por encima de vosotros se balancean las inclinadas palmera, las palmas sombrean mi sendero. De huerta en huerta, sin temor de vosotros, ruinosos muros, las torcaces se visitan revoloteando por encima de mi sendero. Por una brecha se desliza un pámpano, se yergue y salta sobre el tronco de la palmera, lo envuelve, lo rodea, lo aprisiona, llega hasta un albaricoquero y allí se acomoda, allí se balancea, se repliega y se divide, allí extiende su abierto ramaje. Oh, ¿en qué mes ardiente, qué esbelto niño trepará al árbol y extenderá hacia mi mano un buen racimo para mi sed?
...Muros de arcilla, os contorneo sin cansarme, en la confianza de que cederéis algún día.
Una acequia bordea el muro de arcilla, corre a lo largo del sendero. El muro lo llena de sombra. En la huerta oigo risas y susurros... !Oh, hermosa huerta!
De repente se escapa el agua, atraviesa el muro y entra, avanza por la huerta; al pasar, la horada un rayo de sol, la huerta está inundada de sol.
Muros de tierra, destestados muros, mi incesante deseo os asedia, algún día acabaré por entrar.

André Gide, Amyntas, Ediciones del Oriente y del Mediterráneo.

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